Han sido unos días intensos, de correr por el campo, mancharnos las manos en los talleres, reírnos hasta que doliera la tripa y compartir noches inolvidables.
La granja se queda con un poquitín de morriña por los que se van, pero con el corazón bien llenito de ver cómo habéis disfrutado.
Gracias por vuestra alegría, por vuestro respeto a los animales y por regalarnos tanta energía de la buena.
El Remolino ya es vuestra casa para siempre y aquí os esperaremos con los brazos abiertos para la próxima aventura.
A descansar en casa, a contar todas las batallitas y a recordar que habiendo sido una vez remolineros, ¡remolineros para siempre!


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