Hoy nos colamos en uno de los lugares más importantes de nuestro día a día: el comedor.
Queremos aprovechar esta entrada para contaros un pequeño gran secreto de nuestro comedor. Aquí no hay una lista infinita de reglas, de hecho, solo tenemos una única norma: el respeto.
Sabemos que el momento de la comida puede ser un reto, por eso aplicamos una filosofía que nos funciona de maravilla: ¡nunca obligamos a nadie a comer nada que no le guste! Creemos que la hora de comer debe ser un momento agradable, no una batalla campal.
En lugar de presionar, lo que hacemos es invitarlos e invitarlas a probarlo todo. Solo un bocado para descubrir el sabor. ¿Y sabéis qué es lo mejor? Que al eliminar por completo la obligación y esa presión de "tienes que acabar el plato", el ambiente se relaja tanto que... ¡la magia ocurre! Al final, por curiosidad o al ver a sus compañeros, la gran mayoría de las veces se lo terminan comiendo todo.
Verles experimentar con la comida desde la tranquilidad y el respeto es un orgullo. Aquí se come sano, rico y, sobre todo, felices.
¡Buen provecho!
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