El primer día de campamento siempre es un torbellino de emociones: maletas, nervios, reencuentros y un montón de ganas de empezar. Pero antes de lanzarnos a la aventura, hay un paso que para nosotros es sagrado: el paseo de reconocimiento.
Seguro que os preguntaréis por qué es tan importante este paseíto del primer día.
Adiós perderse, hola autonomía: saber ubicarse desde el minuto uno les quita los pequeños nervios del principio y les da alas para moverse con total libertad y confianza.
Normas que cobran sentido (¡y sin aburrir!): en el Remolino no creemos en sentar a los chicos y chicas a leer una lista interminable de reglas aburridas. En lugar de eso, aprendemos las normas sobre el terreno. Así, las normas se entienden y se respetan de forma natural.
Hacer piña desde el inicio: es el momento perfecto para empezar a charlar, hacer las primeras bromas y romper el hielo mientras descubrimos juntos nuestros rincones favoritos del campamento.
Comienza la aventura!!!


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