Hoy queremos abrir una ventanita a uno de los rincones más mágicos y
tranquilos del Remolino: nuestro taller de tejidos.
En un mundo donde todo va tan rápido y las pantallas capturan tantas horas del día a día, en el taller de tejidos bajamos las revoluciones. Nuestros chicos/as están concentradísimos aprendiendo a trenzar. Ver sus caritas de atención, cruzando los hilos de colores con paciencia y esmero, es una auténtica maravilla.
Pero, más allá de la bonita pulsera o tapiz que se llevarán a casa como recuerdo, ¿sabéis qué estamos trabajando realmente? Algo fundamental para su desarrollo: la motricidad fina.
La motricidad fina es la coordinación de los músculos cortos (en las manos y los dedos) en sincronía con los ojos. Es esa habilidad que les permite abrocharse un botón, escribir a lápiz, usar los cubiertos o, en nuestro caso, dominar el arte del trenzado.
Incentivar esta destreza a través de actividades manuales y artesanales tiene unos beneficios increíbles:
*Destreza y precisión.
*Atención y paciencia.
*Fomento de la creatividad.
Aprender haciendo, tocar las texturas, equivocarse y volver a empezar rodeados de amigos... esa es la esencia remolinera.

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