Hay noches en el campamento que intentamos se queden grabadas para siempre, una de ellas preparamos una fiesta de pijamas muy especial, pero no era una fiesta cualquiera: era un espacio pensado por y para los mayores, para regalarles un momento de pausa y confianza.
Llenamos el suelo de mantas y almohadas, pusimos música suave de fondo, preparamos un buen bol de chuches y palomitas y creamos el clima perfecto para una actividad de expresión y emociones:
A través de pequeñas dinámicas muy cuidadas, se les invitó a compartir con los compañeros confidencias, vivencias, dudas, secretos y emociones... todo de manera 100% libre y sin presiones.
Cero juicios, máxima empatía: escuchar al de al lado, apoyarse y descubrir que muchas de sus dudas o miedos son exactamente los mismos que los de sus amigos son los objetivos que buscamos.
Entre risas y miradas de complicidad se creó una atmósfera de respeto y cariño.
A estas edades, encontrar un sitio donde mostrarse tal y como son, sin máscaras y sintiéndose arropados, es el mejor regalo que se pueden llevar del campamento.


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